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La hora de la verdad del modelo laboral


“Este ajuste ha sido especialmente grave para los trabajadores temporales. Mantenemos una tasa de temporalidad de casi el 25%, mucho más elevada que el resto de nuestros socios europeos. La temporalidad media en la UE27 es del 14%, 11 puntos inferior a la española.”

“El capítulo III agrupa diversas medidas para favorecer la flexibilidad interna en las empresas como alternativa a la destrucción de empleo. El problema de la dualidad laboral es consecuencia, en buena medida, de un sistema de instituciones laborales inadecuado que ha quedado evidenciado durante la última crisis. En un sistema que genera incentivos adecuados, las empresas pueden hacer frente a las oscilaciones de la demanda recurriendo a mecanismos diferentes al despido”

Estos párrafos están sacados de la exposición de motivos del Real Decreto Ley del año 2012 sobre medidas urgentes para la reforma del mercado  laboral. Es decir, la traída y llevada reforma laboral del Gobierno Rajoy.

Casi seis años después de la entrada el vigor del citado decreto, el año 2017 terminaba con una tasa de temporalidad del 27%. Es decir que 27 de cada 100 personas con un puesto de trabajo tenían un contrato temporal. Campeones de Europa. Este dato podría dar una idea de hasta qué punto la reforma laboral fue un fracaso… si los objetivos de la exposición de motivos hubieran sido los reales.

se está negociando un Mecanismo de Sostenibilidad del Empleo que básicamente se inspira en modelos laborales de países como Alemania, que cuentan con el precedente de los ERTE en esta pandemia, y que debe constituir una de las espinas dorsales de un modelo laboral más inclusivo y moderno,

La reforma laboral del año 2012 abrió todas las compuertas para el ejercicio autoritario del poder empresarial. Más poder para modificar las condiciones laborales, rebajar los sueldos, más opciones para contratar en precario y más facilidad para recurrir al despido.

Y cuando a un río se le abren todas las compuertas, el agua se dirige a donde el cauce está ya más marcado. En España la cultura y los incentivos empresariales a la contratación temporal y el despido como forma preferente de ajuste a los cambios -sean de ciclo económico o sean por transformaciones productivas-, es enorme. Ahí están los datos acumulados en temporalidad, rotación de contratos, número de extinciones de esos contratos o despidos colectivos.

Incentivar estos mecanismos debe ir acompañado de desincentivar los no deseables (binomio temporalidad-despido)

Por eso la reforma de nuestro modelo laboral pasa por mejorar el sistema de incentivos y de instituciones sociolaborales, de manera que de verdad la flexibilidad interna pactada o la adaptación de jornada sean auténticas alternativas a la temporalidad y el despido. Es por ello que se está negociando un Mecanismo de Sostenibilidad del Empleo que básicamente se inspira en modelos laborales de países como Alemania, que cuentan con el precedente de los ERTE en esta pandemia, y que debe constituir una de las espinas dorsales de un modelo laboral más inclusivo y moderno, frente a la vieja tendencia ochentera del despido del temporal como forma de ajuste.

Incentivar estos mecanismos debe ir acompañado de desincentivar los no deseables (binomio temporalidad-despido) porque sino el ejemplo del río y las compuertas seguirá vigente y el agua seguirá yendo por donde siempre fue.

El modelo laboral español favorece la rentabilidad de las empresas mediante el deterioro del empleo y la descentralización productiva para externalizar riesgos y rebajar salarios.

Y ese modelo no es solo injusto porque afecta sobre todo a personas más jóvenes que no pueden prever proyectos de vida. Es que es la base de la famosa dualidad laboral que Europa nos pide corregir. Pero es que además es un modelo ineficaz desde un punto de vista económico porque la inestabilidad y la rotación laboral son poco compatibles con la cualificación del trabajo o la formación permanente.

En la última fase de recuperación económica previa a la pandemia (años transcurridos entre 2013 y 2017) el 89% de los puestos de trabajo creados en España se ubicaron en actividades de contenido tecnológico bajo. El modelo laboral español favorece la rentabilidad de las empresas mediante el deterioro del empleo y la descentralización productiva para externalizar riesgos y rebajar salarios. Y en un momento como el actual en el que a todo el mundo se le llena la boca de “transformaciones, resiliencias, transiciones, digitalizaciones, capital humano, etc.”, necesitamos un modelo laboral distinto al que favorece el autoritarismo empresarial, el concepto de empresa como cortijo, y la precariedad como norma.

Por eso es preocupante la actitud de bloqueo de CEOE. ¿De verdad se quiere modernizar el modelo laboral español? ¿O da vértigo renunciar al poder de coacción que supone el despido, el refuerzo de la negociación con las y los trabajadores, y la transparencia en la información de las empresas? De momento, ahí lo dejo…

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