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Gracias Aute


¿Se puede sentir como propia la pérdida de alguien a quien no conoces personalmente? Si. Sí se puede. Se ha ido Aute, Luis Eduardo Aute. Un cantautor, se podría decir. Pero se va uno de esos artistas capaz de crear un mundo propio, un lenguaje, una simbología, una cierta ética del compromiso escéptico. Una prueba de que se puede ser generoso y lúcido a la vez.

Se va un creador que nos ha hecho mejores. Seguir las canciones de Aute no era lo más popular para una persona que como yo, arrancaba los años 90 con 18 años. Sí, sonaban como parte de un baúl “demodé” los viejos himnos que escuchaban mis primos: “Al Alba”, “Las cuatro y diez”… Pero para quienes teníamos la vena de la canción de autor (para mucha de nuestra generación eso ya en sí era una “venada”) “molaba” más un autor canalla, aún de difusión no-masiva como Sabina, o la militancia evidente de Silvio o Pablo.

Llegó Slowly en aquel 92 olímpico de aquel país que se reinventaba y empezaba a consumir modas al ritmo de temporadas primavera-verano. Llegó aquel hombre que componía versos en francés en L´moir avec toi, o decía barbaridades para homenajear a Jaques Brel, o desertaba de la exuberancia del acontecimiento, huyendo de la huida soñando “para estar despiertos, entre tantos muertos dispuestos a la acción”. Aute vino para quedarse para siempre en mi memoria sentimental. 

Recuerdo como un día de esos, para la biografía de uno mismo, el concierto en Las Ventas con Silvio, en la gira posterior al mítico “Mano a mano”. Pero sobre todo, Aute es ese espacio de intimidad, de calma, que nos daba escucharle en casa, en un teatro, en cualquier sitio.

Se nos va Aute en un momento en el que la muerte nos martillea por cientos a diario, como una estadística adyacente a la curva de contagios, de hospitalizados, de ingresados en UCIs…

Él, que tanto renegó de la numerología “cuando la mirada es solo un catalejo, para viajar por laberintos donde el dato es religión, aun creo en la pregunta que hay tras el espejo, en donde se produce la osadía de la reflexión”, se nos va como un último acto de militancia intimista, contra-estadística, al recordarnos que cada muerto es irrepetible, una historia de vida.

Tal vez estés volando entre las nubes; junto a ti, aux marquises.

Gracias por lo que me has hecho disfrutar, pensar y ser mejor. Gracias. Gracias por todo.

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