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Y el Pisuerga pasó por Ámsterdam


El fondo de reconstrucción europeo no puede condicionar la política laboral ni de pensiones en España. Es una injerencia intolerable en la democracia de nuestro país, es contraproducente para los intereses de la mayoría social, y además, es una absurdez: “¿Dónde vas? Manzanas traigo.”

Ha tardado poco en calar la idea de que una de las contrapartidas para desbloquear el fondo de reconstrucción europeo es que países como España, no emprendan “contrarreformas” como la laboral o la de las pensiones. Tenemos una capacidad infinita para la autoflagelación, que cuando se combina con patriotismos de “todo a cien”, terminan por crearnos problemas en la retaguardia.

En medio de una importante batalla europea, el Gobierno de España va a tener que lidiar no ya con los llamados “países frugales” (más bien usureros, habría que decir), sino con la legión de poderes económicos, políticos y mediáticos que, pulserita rojigualda en ristre,  se van a aliar (conscientemente o no), con los dirigentes de países como Países Bajos, Austria o Suecia. Les van a comprar el discurso calvinista de la cigarra y la hormiga, para crear problemas políticos donde lo que hay son intereses contantes y sonantes.

Cuando piden procesos de reforma para la “consolidación fiscal” acelerada, no se refieren a la deuda en general. Solo a la pública. Países Bajos es un país más endeudado que España.

Esta no es una batalla de España con Holanda. Esta es una batalla europea. De hasta dónde avanzamos en integración en una Unión que no debe permanecer solo como un mercado único y con una mínima gobernanza económica y monetaria. No lo puede hacer ante una pandemia que nos ha metido en la mayor crisis conocida en tiempos de paz. Lo que motiva las posiciones de los países citados, es sobre todo la oposición a una mayor integración fiscal en Europa, postura beligerante que ya tuvieron en la aprobación de los presupuestos de la UE para el periodo 2021-2027. Con el apoyo entonces (hace apenas cinco meses, no lo olvidemos) de Alemania…

Y  esto no tiene nada que ver con según qué reformas estructurales. A los Países Bajos ni le incumbe, ni le afecta, ni le importa, la reforma laboral del año 2012. Que los convenios de empresa puedan bajar los salarios de los sectoriales o lo que dure la vigencia y la ultraactividad de una convenio colectivo, probablemente sea algo de lo que el presidente Rutte no haya oído ni hablar.

Un país como Holanda no tiene mayor interés en la reforma laboral española. Pero sí en que países como España o Italia paguen un sobrecoste por la deuda pública, que sirve entre otras cosas para pagar el endeudamiento privado holandés o su sistema (privado) de pensiones.

No olvidemos que la gran virtualidad del fondo de reconstrucción europeo es que se emitiría deuda conjunta para financiar, desde presupuestos plurianuales de la UE, los esfuerzos fiscales ante la pandemia. Esto debiera conllevar avances sobre figuras fiscales comunes (de momento los “frugales” consiguen que se minore su aportación al presupuesto común a través de «cheques de descuento»). Pero es que además que el coste del fondo se pague de forma mancomunada, tiene el efecto de que iguala el coste de financiación del conjunto de Estados.

Esto es muy relevante. Para España el retraso en las medidas del BCE en la anterior crisis (hasta el famoso “haré lo necesario y créanme, será suficiente” de Draghi en 2012) conllevó un sobrecoste por la prima de riesgo de 19 mil millones de euros. Es decir, una parte de nuestros impuestos, a través del encarecimiento de la deuda pública, fue destinada a pagar a quienes compraron esa deuda, inversores de todo tipo, entre ellos quienes sostienen los modelos privados de pensiones en países como Holanda. ¿Se entiende mejor así?

La Unión Europea es un espacio económico muy asimétrico. Algunos de los países que más se oponen a una mayor integración fiscal, son los grandes beneficiados de la existencia de la zona euro. Mantienen enormes superávits en sus balanzas económicas (tanto la comercial como la balanza por cuenta corriente); pueden mantener prácticas de cuasi “paraíso fiscal” para atraer empresas (según la revista del FMI, el 40% de la Inversión Extrajera Directa del mundo -15 billones de euros- pasa por empresas fantasma, que residen en apenas 10 países de los cuales tres son Estados de la UE: Luxemburgo, Irlanda y Holanda); por si fuera poco, pretenden ejercer un derecho a veto sobre decisiones tan relevantes como las que se dirimen estos días.

Lo único que nos podría echar en cara un país como Holanda es nuestra menor presión fiscal… Pero curiosamente, esa petición -¡suban los impuestos!– no aparece entre las condiciones que dicen que nos quieren poner

Pero tampoco caigamos en la trampa de la pugna entre países endeudados y no endeudados. Cuando piden procesos de reforma para la “consolidación fiscal” acelerada, no se refieren a la deuda en general. Solo a la pública. Países Bajos es un país más endeudado que España. Antes de la pandemia su deuda pública se situaba en niveles muy bajos, eso es cierto: el 47% de su PIB frente al 95% de España. Pero su nivel de endeudamiento privado es superior. Las empresas no financieras neerlandesas deben un 173% de su PIB (el 124% las españolas), y la deuda de los hogares es de un 204% de PIB, frente al 94% en España.

Por tanto aquí lo que está en juego no es un modelo de ahorradores virtuosos y gastadores manirrotos. Lo único que nos podría echar en cara un país como Holanda es nuestra menor presión fiscal (nuestro gasto público y el suyo es similar, sin embargo la contribución fiscal en España es inferior en más de 4 puntos de PIB en comparación con la de Países Bajos, pese a sus prácticas elusivas). Pero curiosamente, esa petición -¡suban los impuestos!– no aparece entre las condiciones que dicen que nos quieren poner para aprobar el fondo de reconstrucción europeo. Solo reforma laboral y pensiones. ¿Por qué? Porque aprovechando que el Pisuerga pasa por Ámsterdam… pues eso.

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