http://unaisordo.com/wp-content/uploads/2016/07/fp-960x600_c.jpg

Un acuerdo de recorrido


Artículo aparecido en el Correo y en el Diario Vasco el 25 de julio de 2016

El acuerdo y el compromiso logrado entre CCOO, UGT, CONFEBASK y el Gobierno Vasco, supone un hito cuyo potencial tendrá que recorrerse en los próximos meses. Con dos objetivos: revitalizar la negociación colectiva y definir el ámbito de participación de los agentes sociales en Euskadi. Dos patas fundameimagentales para construir un marco de relaciones laborales que afronte los enormes retos que el mundo del trabajo y por extensión la sociedad vasca tiene que afrontar en los próximos años.

Hemos asistido a sucesivas reformas de la legislación laboral en España. Su objetivo la caída de los salarios a través de la desvertebración de la negociación colectiva, priorizando el ámbito de la empresa como el idóneo para fijar condiciones de trabajo (y particularmente “el precio del trabajo”) y por tanto, quitando capacidad a los convenios sectoriales para auto-regular la propia negociación colectiva. Paralelamente en la última legislatura se ha pretendido debilitar el papel de los agentes sociales como interlocutores necesarios, para allanar ese proceso des-regulatorio para la caída salarial.

Esta dinámica tiene importantísimas críticas y contraindicaciones. Algunas tienen que ver con las consecuencias de las políticas de austeridad y devaluación interna. Otras con el modelo de  competencia inter-empresarial que fomenta este modelo “balcanizado” de relaciones laborales. Por último, otras no menores pero en las que no se suele poner ningún foco, relacionadas con el riesgo de “descerebrar” el ámbito socio-laboral, al devaluar el papel de los agentes sociales como acuerdo dsocialactores necesarios para gobernar las adaptaciones en el modelo económico y de tejido productivo que requiere desde luego España, pero con sus características, también Euskadi.

Pues bien, modestamente creo que este acuerdo y esta declaración debieran servir de percha para orientar medidas en lógicas distintas a las expuestas. Todo dependerá de la voluntad y la correlación social, sindical y política.

Vayamos por partes. El acuerdo propiamente versa sobre la negociación colectiva. Tras la última reforma laboral la función de “espina dorsal” del convenio sectorial, corría un serio riesgo de quiebra. La acción de la patronal (sobre todo de alguna parte de ella) y de determinadas organizaciones sindicales, enrocadas además en una nueva dialéctica de influencia política, hacían que ese riesgo fuera bastante cierto. La excusa de la “estatalización” de la negociación colectiva se ha utilizado como coartada para la dar por enterrados definitivamente buena parte de los convenios sectoriales vascos (básicamente provinciales). Lo más parecido a un marco de relaciones laborales en Euskadi, aparecía como una reliquia para los que dicen ser sus máximos defensores.

Pues bien, en este acuerdo llegamos a un compromiso de dar preferencia de aplicación a los convenios sectoriales que se suscriban en la CAPV sobre otros. La no firma, la no comparecencia de ELA y de LAB, es la que hace que este acuerdo no sea de mayorías y por tanto no tenga utilidad real. Un acuerdo similar se firmó para el sector del comercio vasco, ahí sí, por parte de todos los sindicatos. ¿Por qué lo que sirve en un sector, no sirve para todos los sectores?

En segundo lugar está el compromiso para desarrollar un marco estable y fiable que dé cobertura al papel de los agentes sociales en el futuro. Y aquí viene la parte más novedosa de lo que hemos debatido y finalmente orientado para la próxima legislatura, y que en nuestra opinión tiene un trasfondo político que debiera ser estratégico para el país.

No es tan simple como hacer una ley de participación institucional. Se trata de debatir política y socialmente como se van a afrontar los cambios, las mutaciones que de forma cada vez más rápida e intensa se van a dar en empresas y sectores. Desde la Comisión Europea advierten que para el año 2030la mitad de las profesiones actualmente existentes serán susceptibles de ser sustituidas por la automatización de procesos”. Pudiendo ser exagerado el dato, todo parece indicar que las aplicaciones tecnológicas, los cambios en las formas de trabajo y la propia evolución económica van a transformar buena parte de nuestro aparato productivo. De cómo enfrentemos esto va a depender en parte la calidad del empleo y la generación de derechos colectivos en el futuro. Y a día de hoy estos cambios se plantean al calor por no decir al furor, de la hegemonía neoliberal.

¿Cómo hacer esto? ¿Qué asigne el mercado? ¿Desde un poder político debilitado y preocupado en generar los menores “costes y rigideces” a las empresas, en una especie de subasta a la baja que amenaza el marco laboral y social conocido? ¿O hay opciones de prever los cambios, orientar nc arabael futuro, preparar, cualificar a la mayoría trabajadora, para que el cambio no sea sinónimo de precariedad e incertidumbre? ¿Quién hace esto, sólo el poder político y las empresas con suficiente dimensión? ¿Tenemos los agentes sociales un papel que jugar en la democratización cualitativa (para eso debiera ser el diálogo social) de las decisiones que conciernen a los y las trabajadoras, así como en la extensión de todas las políticas de empleo al conjunto de la población asalariada? Pero ¿habrá agentes sociales o serán organizaciones corporativas de representación fragmentada de trabajadoras/es y empresas?

Pues la cosa no apunta bien. Las últimas reformas laborales han buscado debilitar el poder contractual de los sindicatos en la negociación colectiva; las patronales vascas se han ido deslizando a modelos de asesoramiento en la gestión empresarial (eufemísticamente llamados “nuevos modelos de relaciones laborales”); el ejercicio autoritario del poder político ha debilitado de forma clara el modelo de diálogo social (ejemplo paradigmático el de las pensiones, que necesita con urgencia absoluta recuperar consensos); una parte del sindicalismo vasco se auto-expulsa de estos ámbitos con una práctica encaminada a que nada público o parapúblico sirva para nada.

Pues bien, CCOO no se resigna a ese escenario. Hacemos una apuesta porque en los próximos meses pese a la complicada coyuntura pre y post electoral, se concrete el modelo que nos lleve a jugar un papel determinante para impulsar políticas de empleo integrales y útiles. Esperamos que haya valentía y altura de miras para hacerlo. El primer paso está dado.

Deja un comentario

Secciones