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Sindicalismo nacionalista y eje de rotación político


Hace unas semanas, las personas que ostentan las máximas responsabilidades en ELA y en LAB, han cruzado declaraciones sobre en qué términos debieran darse acercamientos entre sus organizaciones de cara a una alianza del sindicalismo nacionalista en Euskadi.

No es la primera vez que se hacen este tipo de pronunciamientos y acaban concretándose en estrategias conjuntas. En esta ocasión hay dos elementos encima de la mesa: el primero, la estrategia sindical, especialmente la vinculada a la negociación colectiva. El segundo las dinámicas políticas “de país”.

Normalmente el panorama sindical vasco se ha situado en dos ejes que no son exactamente simétricos. El sindical y el político.  No es fácil en algunas ocasiones discernir uno de otro. Salvo en el caso de LAB creo que los sindicatos vascos hemos hecho un recorrido importante en la autonomía respecto a las fuerzas políticas con las que históricamente hemos estado vinculados.

Los acercamientos entre ELA y LAB siempre han tenido un talón de Aquiles profundo: el modelo de negociación colectiva, es decir, el valor que se otorga al convenio sectorial y por tanto la tasa de cobertura que se pretende generar. La defensa de los convenios sectoriales situaba a LAB en esa variable del juego, más cercana a las posiciones de CCOO y UGT.

En  cualquier intento de acuerdo que haya sido ensayado entre los sindicatos nacionalistas, LAB ha estado obligado a pagar un peaje relacionado con su posición en los convenios y en cualquier dinámica general sobre negociación colectiva. Es decir, no debía aparecer públicamente en ningún acuerdo general, ni en nada parecido, con CCOO y UGT (recordemos que no hace demasiado tiempo CCOO, LAB y UGT nos sentábamos con CONFEBASK y estuvimos a punto de llegar a un acuerdo sobre la negociación colectiva, entre la que destacaba la preferencia de aplicación de los convenios pactados en Euskadi sobre cualquier otro acuerdo pactado en otro ámbito).

Pero hay otra variable que termina siendo la decisiva: las estrategias políticas. De una parte, el papel de ariete o vanguardia que el sindicalismo nacionalista jugó en el proceso de Lizarra. Ese es el escenario, digamos añorado, del que nunca se ha bajado ELA. De otra parte las necesidades políticas coyunturales de la izquierda abertzale.

Pues bien, aunque la lluvia nunca vuelve hacia arriba, no es difícil atisbar una posible confluencia de intereses. Por un lado quien, salvando las distancias, aspiraría a jugar el rol de una especie de ANC* a la vasca desde el banco sindical (ELA) junto a quien necesita revitalizar un proyecto político (LAB), ante dos factores: UNO, la irrupción sorpresiva de una fuerza que ha sido mayoritaria en las últimas elecciones y está modificando el eje de rotación del debate político incluso en Euskadi (PODEMOS, o la confluencia que surja), y DOS y a la vez, la previsión de excelentes resultados electorales de un PNV templado”.

Una vez más, la pieza a cobrar será la negociación colectiva vasca, a la que LAB parece renunciar, con una curiosa teorización de la negociación empresa a empresa a través de un discurso casi vietnamita…

Veremos qué términos se confirman y cuáles no de esta hipótesis que se expone: un acercamiento político-sindical entre ELA y LAB para impulsar una dinámica política de acumulación de fuerzas (con ecos catalanes), o en su defecto modificar el eje de rotación de la política vasca, que se enfrente a la inercia creciente de un quinto espacio político en Euskadi y a la gestión del PNV, bien tratada electoralmente. Eso sí, con sacrificio de torre o alfil: el modelo de negociación sectorial en Euskadi.

* Assemblea Nacional Catalana

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