http://unaisordo.com/wp-content/uploads/2016/06/14-n-960x600_c.jpg

La unidad y la encrucijada sindical


Cuando el sindicato ELA decidió no convocar la huelga general del 14-N sabía bien lo que hacía. Pese a haber estado a favor de la movilización europea en la reunión del ejecutivo de la CES o incluso tener los permisos de manifestación solicitados en el formato habitual de las huelgas generales, la decisión fue cualquier cosa menos una frivolidad o una improvisación.

Ante la negativa de LAB a convocar el 14, ELA priorizó estrategias domésticas. Prefirió mantener la tenaza que ejerce sobre LAB en un momento crítico en el que con toda probabilidad se va a reconfigurar el esquema de relaciones laborales y particularmente el de negociación colectiva. Y en la idea de que esa reconfiguración sea lo más favorable a sus intereses, ELA sabe del papel que puede jugar LAB y que ese papel quizás no hubiera sido el mismo si el 14-N hubiera podido esgrimirse como “causa oficial de divorcio”.
Pocos días después se explicitaron intenciones. Por parte de ELA de forma clara se dijo que no hay ningún camino para evitar la pérdida de valor del convenio colectivo sectorial (provincial básicamente) y que lo único que queda por hacer es afiliar más para blindar las condiciones de trabajo en la empresa. Y cuestión importante, su no disposición a negociar ningún acuerdo intersectorial de comunidad autónoma. Recordemos que este ámbito (junto al estatal) es el único que puede preservar los convenios y acuerdos sectoriales existentes.
La razón que dan es peregrina a mi entender. Dicen “El convenio sectorial no blinda como hasta ahora las condiciones de trabajo porque pueden ser empeoradas por acuerdos en las empresas. Por eso no vamos a buscar fórmulas para preservar tal convenio” Es como decir que como un chaleco antibalas no me evita un tiro en la pierna, prefiero salir al tiroteo desnudo (y es que el problema sindical para algunos no es si evito o pego tiros, sino cuantas mudas vendo…)
LAB también ha dicho alguna cosa. Ha planteado el posible avance de espacios de unidad sindical. Y lo ha hecho en términos decimonónicos. Exigiendo a CCOO y UGT poco menos que nos hagamos de LAB y hagamos sindicalismo como en tiempos de Franco. Desde un análisis muy obsoleto del momento político, la soberanía, la14-n2 deriva de la economía, los derechos sociales ganados o perdidos… En definitiva una posición que en caso de ser algo más que una pose de consumo propio, dificultaría no ya escenarios de unidad de acción sino de cualquier acción conjunta. Una posición con la que la propia LAB siega hierba a su alrededor. Una posición con la que el esquema deseado por ELA de ruptura de la referencialidad de los marcos sectoriales de convenios, para situar esa referencialidad en la empresa aparece más cercano que nunca (de hecho es ELA quien está planteando marcos de empresa a toda prisa)
Ante una posición corporativista, organizativista y pragmática de ELA (como siempre, primero cuentas y luego cuentos) LAB se descuelga con un discurso ultra-politizado y aislacionista (me refiero a lo sindical por dejarlo ahí…).
Para CC.OO. la última palabra en materia de negociación colectiva no tiene porque estar dicha. Sigue siendo posible armar un escenario distinto al que pretende la intención dura de la reforma, léase, un marco de negociación sectorial muy débil o inexistente, en continuo riesgo de desaparición y que sitúe en la empresa el marco de determinación “colectiva” de condiciones de trabajo y distribución económica.
Es posible desde un marco de comunidad autónoma que preserve la prevalencia de los convenios existentes. Esto, junto a su firma es el mejor antídoto a su posible pérdida de vigencia en julio de 2.012. Sin duda la ultraactividad será un tema complicado a abordar y que exigiría acumulación de fuerzas sindicales.
Es posible si somos capaces de pactar procedimientos con garantías y participación sindical en los casos de inaplicación de convenios o modificación sustancial de condiciones de trabajo, frente a la unilateralidad que la reforma otorgó al empresario y los métodos de resolución de conflicto que plantea.
Y en efecto, ya no es posible blindar normativamente el que pueda haber convenios que desde las empresas que empeoren las condiciones de trabajo. Esta gatera la cierra taxativamente la reforma de Rajoy en materias claves. En todo caso siempre será mejor mantener el ámbito sectorial y que sea la empresa la que necesite instar negociaciones a la baja (donde encontrará cumplida respuesta sindical), a neutralizar el ámbito sectorial y que la empresa no necesita instar nada porque el convenio se puede diluir como un azucarillo y poder aplicar otro de rango superior (estatal) o incluso la legislación básica.
Y en esta realidad variable sin duda aparece la necesidad de sindicalización en la empresa con igual razón de siempre pero con más motivo que nunca. Porque nadie niega la prioridad de sindicalizar, afiliar y organizar a la gente en la empresa, donde evidentemente se desarrolla una parte esencial de la relación laboral.
Pero el sindicalismo de clase, el que tiene que buscar elementos de interés y vínculo común (y el convenio sectorial lo es singularmente) lo que no puede hacer es dinamitar esos espacios comunes, coincidiendo objetivamente con el neoliberalismo que impregna la reforma. Las condiciones de trabajo y vida de miles y miles de personas, especialmente aunque no sólo, las que trabajan en pequeñas y muy pequeñas empresas están en juego.
Ahí debía estar gran parte de la reflexión sindical en este momento. Pero unos la han situado en su cuenta de resultados y el intento de asalto a la hegemonía, y otros en disquisiciones sobre los Pactos de la Moncloa y dinámicas políticas.

Deja un comentario

Secciones