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La “independencia” de las rentas


 

Se han agudizado en los últimos años en Europa varios debates y conflictos sobre modelos territoriales y riesgos de fragmentación de espacios políticos. El terremoto del Brexit es el ejemplo más evidente y la situación en Catalunya el más cercano. Paralelamente, de forma más implícita o más obvia, se plantean debates sobre modelos fiscales y de financiación entre distintos ámbitos institucionales. La negativa alemana a políticas de transferencias en Europa o el debate pendiente de la financiación autonómica en España, son dos ejemplos. Los términos del debate se están “territorializando” y “des-clasando” y corremos el riesgo de perder referencias fundamentales sobre los verdaderos ejes del problema, que tendrían que versar sobre la suficiencia y la progresividad fiscal.

Es decir, cuánta de la renta que producen nuestras sociedades queremos canalizar al espacio público para cubrir necesidades colectivas, y de dónde debemos extraer estas rentas en función de lo redistributivos que queramos que sean nuestros modelos sociales.

Sobre estas dos discusiones de calado “existencial” para cómo queremos organizar nuestra convivencia, debieran pivotar los modelos de federalización de los espacios institucionales con que dar respuesta a los servicios, prestaciones o inversiones. Y no al revés. Los debates de pugna territorial están ocultando en buena parte los debates sobre los modelos redistributivos y su financiación.

Tanto es así, que curiosamente (o no tanto) ha pasado desapercibida la evolución económica de un país de la zona euro como Irlanda, que por las características de esa evolución, debiera ser parte del debate público. ¿Es posible “desconectarse” en esta Europa común? Para según qué rentas, parece que sí…

De 2014 a 2016 el aumento del PIB en Irlanda se ha salido de la norma y de la lógica. Se ha incrementado en: 8,5%, 26,3% (sic) y 5,2% sucesivamente. El aumento de 2015, finalmente certificado por el FMI y la OCDE, es desconocido en la historia de las estadísticas económicas y está muy por encima de los que se produjeron en China en los años de mayor aceleración del crecimiento a partir de 1978 (nunca se superó el 14% anual). En 2016, el PIB de Irlanda es un 33% superior al que tenía antes de la crisis. Su PIB per cápita alcanzó los 55.800 euros, el 6º más elevado del mundo.

Estas cifras han llevado a Paul Krugman a calificar la economía irlandesa como la “economía de los duendes” Pero ojo, el año en que su economía creció el 26,3%, la proporción de los impuestos y las cotizaciones sociales respecto al PIB cayó en 7,7 putos porcentuales, un 22,6% del valor de su tasa, al pasar del 34,1% e 2014 al 26,4% en 2015.

¿A qué se debe esta descomunal tasa de crecimiento de la economía irlandesa, record histórico mundial? A la masiva creación de filiales irlandesas de las empresas multinacionales. Por procedimientos de ingeniería financiera se trasfieren los beneficios que obtienen en cualquier parte del mudo, en particular en Europa, para pagar impuestos siempre por debajo del 12,5%, y en la mayoría de los casos, entre el cero y el uno por ciento. Lo demuestra la brusca caída de la presión fiscal, de una magnitud muy similar al aumento del PIB. Es decir, se debe al activo dumping fiscal del Gobierno de Irlanda que promueve el fraude/elusión fiscal con una intensidad tal que tiene efectos macroeconómicos impactantes.

Los esfuerzos de la Comisaria Margrethe Vestager para que multinacionales como Apple y otras paguen a la Hacienda irlandesa por lo menos el 12,5% (tipo máximo del Impuesto de Sociedades en Irlanda), oculta que esos beneficios los obtienen en otros países. La Directiva sobre establecimiento de una Base Consolidada Común del Impuesto de Sociedades (ojo, que ni siquiera se está hablando de un suelo mínimo para este impuesto…) está encontrando resistencias muy fuertes.¡

Los Panama Papers, los Paradise Papers y los flujos contables y financieros de las Empresas Multinacionales, indican que varios estados de la UE están promoviendo la elusión comportándose como auténticos paraísos fiscales. Si añadimos los territorios y jurisdicciones especiales que dependen de ellos (básicamente del Reino Unido) o los provenientes de la desintegración de la URSS y Yugoslavia, se entiende por qué es cierta la afirmación de que los paraísos fiscales europeos o dependientes de los estados europeos canalizan y almacenan más del 50% de los flujos financieros ilícitos del mundo.

Hay que tomarse muy en serio la prioridad de la lucha contra los paraísos fiscales, por la justicia social y por la armonización fiscal europea que acabe con el dumping fiscal de algunos estados. En otro caso la Unión Europea como un modelo social tiene un futuro muy oscuro. Pero de fondo, se trata de apostar por verticalizar el debate sobre la redistribución (rentas) o creciente horizontalización del debate (territorio). La mano que mece el marco conceptual es la mano que mueve la hegemonía…

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