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Enhebrar el hilo a la aguja: apuntes para el necesario pacto de Estado


Publicado en El Confidencial

El objeto de estas líneas es marcar algunos aspectos que podrían servir para romper el hielo sobre por dónde pudieran discurrir los acuerdos básicos que necesita España

Pocas veces como en estos momentos se hace patente la necesidad de un acuerdo político de amplio alcance. Un pacto de Estado que debiera ser de amplio perímetro partidista, interinstitucional y a la vez conllevar un acuerdo social de calado entre sindicatos y organizaciones empresariales.

Pocas veces como en estos momentos, la polarización y el enfrentamiento político ha llegado a las cotas que estamos viendo. Hasta el punto de que está en el aire la renovación del “estado de alarma” por quince días más.

Podemos dedicar estas líneas a buscar responsables de este despropósito. Seguro que son responsabilidades compartidas, pero indagar en ellas aporta poco al lodazal general. Apenas dos apuntes.

El Gobierno debiera ir pensando en que liderar un acuerdo de este calado exige más que anunciarlo y hay que empezar con el trabajo -discreto preferentemente- de ponerle hilo a la aguja. El diálogo no se anuncia, se ejerce.

La oposición debiera cambiar radicalmente su lectura política del momento, según la cual esta crisis sanitaria y sus enormes secuelas económicas son el hábitat preciso para ir a la caza del Gobierno. Un país con decenas de miles de muertos, con la experiencia traumática de un confinamiento sin precedentes, y con nuestro nivel de descentralización política en la gestión de la sanidad o las residencias, no va a tragar estúpidamente con la identificación del “maligno único”. Tengan cuidado porque les puede salir el tiro por la culata, y como a los cazadores torpes se les ve venir desde lejos.

En todo caso, el objeto de estas líneas es marcar algunos aspectos que podrían servir para romper el hielo sobre por donde pudieran discurrir los acuerdos básicos que necesita España. Parten de una premisa. El país ha cambiado. Aspectos que hace apenas tres meses podrían ser objeto de profundas disputas ideológicas, aparecerán tras esta pandemia como elementos de interés general, generarán amplio consenso social y formarán parte del nuevo sentido común de país.

  • Posición ante Europa. El riesgo de que la Unión Europea diese una respuesta similar a la que planteó en 2010 sería catastrófico para España. Afortunadamente esa opción parece ya descartada. Necesitamos medidas que eviten el encarecimiento de nuestra deuda pública a través de una escalada en la prima de riesgo. La actuación del BCE en este terreno es fundamental.

Para hacernos idea del potencial problema, actualmente el coste medio por intereses de deuda supone un desembolso anual de 28.500 millones de euros. De elevarse nuestra deuda pública en 20 puntos -más que probable e inevitable ante la exigencia de gastos de emergencia relacionados con la crisis de la COVID-19-  el sobrecoste se iría a 34.500 millones. Con intereses como los que sufrimos en 2011, esta cuantía se elevaría a 62.000 millones anuales. Casi todo nuestro presupuesto en Sanidad.

Igualmente es imprescindible un plan de estímulo económico de al menos un billón y medio de euros financiado mediante alguna forma de mutualización de la deuda.

No debiera ser muy difícil defender conjuntamente una posición común desde España, teniendo en cuenta que gobiernos como el francés o el italiano se sitúan en estos parámetros. No sería razonable que ningún partido, institución ni agente social en España no se pronunciase claramente en este terreno, y por el contrario se alinease del lado del Gobierno holandés por citar el ejemplo más.

  • Refuerzo de la sanidad pública. El trabajo titánico de nuestros profesionales sanitarios no puede obviar que España se ha visto desbordada por la dimensión de la pandemia. Hemos estado bordeando el colapso de nuestros servicios sanitarios, ha habido una tasa de contagios intolerable entre las y los trabajadores de la salud y hemos tenido desabastecimiento de suministros básicos. Debiera establecerse un compromiso para, de forma inmediata, realizar una auditoría sobre cómo ha funcionado nuestro sistema sanitario, socio-sanitario y de atención a la dependencia. Tanto en el sector público como el privado y concertado. Detectar las deficiencias y corregirlas.

Existe el riesgo de un rebrote de la epidemia en otoño, o así nos lo dicen. Es necesario un compromiso interinstitucional para mantener el volumen de contrataciones realizadas, preparar un proceso de estabilización de plantillas y comprometerse a elevar los presupuestos en gasto sanitario público al menos hasta el 7,2% del PIB, destinándose al menos un 25% del mismo al gasto en Atención Primaria.

  • Compromiso sobre el servicio de atención a la dependencia. Dentro de esa necesaria auditoría hay que evaluar las ratios de personal y las condiciones laborales en que se prestan estos servicios, que se han mostrado como esenciales. Hoy existe una infrafinanciación desde la Administración central -que solo asume el 13% del gasto total, mientras las CCAA asumen el 87% restante- que debe ser corregido.

Es obvio que el sector debe ser reorganizado y debe diseñarse un plan de coordinación de los sectores sanitarios y sociosanitarios, bajo el control de las Consejerías de Sanidad. Y con toda seguridad, con una gestión púbclia de muchos de los servicios si se demuestra, como así parece, que la gestión privatizada ha tenido funestas consecuencias en un sector mal concebido y que requiere de lógicas “médicas”, como ha quedado dramáticamente demostrado.

Mientras se desarrolla ese ambicioso plan, hay que retribuir convenientemente a estas personas, en su inmensa mayoría mujeres, y desarrollar planes de formación y cualificación permanente. La negociación colectiva es el ámbito propicio para una sustancial subida de sus salarios y del impulso de los planes de formación. Pero para que los acuerdos no se queden en “papel mojado” debe haber un compromiso interinstitucional: aumentar las cuantías económicas de las concesiones, que durante demasiados años se han dado en base a “bajas temerarias” y que han tenido como resultado salarios bajísimos, jornadas parciales y precariedad extrema en el sector.

  • Plan español de contingencia para la dotación de suministros básicos ante el posible rebrote de la pandemia. Una de las situaciones más incomprensibles de lo vivido ha sido la extrema dificultad de nuestras Administraciones Públicas para dotarse de elementos básicos de protección ante el riesgo de contagios, así como de instrumentos como los respiradores, que aparecían como vitales para poder salvar vidas en las semanas más dramáticas. Tener que adquirirlos en un mercado internacional en un momento de enorme demanda, ha generado vergonzosos episodios de sobreprecios, pirateo y desabastecimiento, en una especie de ley de la jungla que no puede volver a repetirse.

La colaboración de muchos trabajadores y empresas para modificar sus producciones y contribuir a dotarnos de esos suministros básicos, o aprovechar líneas ya abiertas por empresas importadoras para su adquisición, deben ser valoradas positivamente. Pero a veces han rozado el voluntarismo, ante la dificultad de homologación para un uso tan delicado como son los tratamientos médicos relacionados con una epidemia.

Sería necesario emprender una política de detección de industrias y empresas capacitadas para elaborar esos suministros que previsiblemente puedan hacer falta en el medio plazo, en una especie de plan de contingencia. Para el largo plazo hará falta una política de relocalización industrial y empresarial, donde la iniciativa pública deberá jugar el papel que sea necesario. La vulnerabilidad mostrada por esta pandemia en Occidente, debiera alejar viejos anatemas sobre la necesidad de mantener industrias nacionales en España y Europa con control público. Si esto ha pasado una vez, puede volver a pasar.

El pacto de Estado que necesita España es mucho más amplio que esto, obviamente. Pero debiéramos ir bajando a lo concreto para cambiar el registro de la dialéctica política. Porque esto no va tanto -ahora mismo al menos- de explicitar un magnífico programa de reconstrucción (la propuesta sindical cuando se haga, no podrá dejar de lado por ejemplo la política laboral o fiscal), como de contrarrestar la tentación de manipulación de los sentimientos de vulnerabilidad, impotencia, angustia e inseguridad.

Las agujas sirven para pinchar, pero cuando se las enhebra con hilo, sirven para coser. Cosamos.

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