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14-N Frente al repliegue resignado, el despliegue de la esperanza.


(Artículo publicado en El Correo del 12 de noviembre)

La Confederación Europea de Sindicatos ha convocado el 14 de noviembre una jornada de acción y solidaridad. Se traducirá en varias huelgas generales (Portugal, Grecia, España, Italia), manifestaciones y movilizaciones. En Euskadi una vez más las disputas inter-sindicales, en este caso entre ELA y LAB (negativa de la segunda a convocar, que hizo a ELA desdecirse de su posición en Bruselas) rompe la respuesta que CC.OO. viene reclamando

El 14-N se da tras consensuar una resolución que denuncia las políticas austeridad y reivindica un Contrato Social para Europa. El sindicalismo europeo como agente activo ante los problemas que conlleva la insuficiente construcción política de la UE, construye un consenso difícil ya que la realidad sindical no es ajena a las situaciones que se dan en los distintos países.

El déficit político europeo, la intensidad y duración de la crisis trae riesgos implícitos: la desafección de la ciudadanía de la política, sugestionada por el espejismo del sálvese quien pueda; las respuestas a los problemas en claves de “repliegue”, sea éste sectorial-corporativo, territorial o individualista. Esto supone profundizar más y más en la atomización y déficit institucional de Europa, y reforzaría la hegemonía de actuación a los poderes financieros y económicos.

El 14-N constituye una respuesta común desde la diversidad, un relato básico compartido ante la crisis. Construido desde un mínimo común denominador como no puede ser de otra forma ante tal pluralidad sindical. Arma una posición común, coherente y sólida frente al riesgo de disgregación descrito. Y lo hace desde una iniciativa de movilización diversa en países diversos: Europa y el apoyo del sindicalismo latinoamericano y de la Confederación Sindical Internacional.

Expresamos nuestra firme oposición a las políticas de austeridad que hunden a Europa en el estancamiento y el desempleo. Apostamos por hacer compatible un necesario equilibrio en las cuentas públicas (también a través de las políticas fiscales y la mejora progresiva y equitativa de la recaudación) con lograr un crecimiento económico sostenible. Abogamos por una coordinación de las políticas económicas europeas con la idea de suprimir desequilibrios y establecer estándares sociales mínimos. Reiteramos el diálogo social y la negociación colectiva como elementos centrales del modelo social europeo.

Y todo ello avalado por sindicatos de tradiciones y modelos muy distintos, del norte, centro y sur de Europa. Incluso en nuestro ámbito organizaciones alejadas habitualmente (CCOO, UGT, ELA, USO) lo hemos suscrito.

Es una iniciativa de solidaridad entendida como integración de interés común, sabiendo que hay quien ha determinado que el modelo social europeo no es compatible con la competitividad sin reglas que propugna el neoliberalismo. Si quiebra este modelo (con las insuficiencias que pudiera tener en cada caso) en la Europa endeudada, será cuestión de tiempo que se resientan los estándares de vida de los países del centro e incluso del norte de la Unión.

El 14-N busca ir más allá del paro laboral. Se están cuestionando los pilares sociales básicos y esto incumbe a amplios sectores de la población en su calidad de trabajadores/as (activos o desempleadas), pero también de usuarios de servicios públicos, pensionistas…; del ejercicio de la ciudadanía plena, en definitiva. Por eso se plantea desde las distintas cumbres y plataformas sociales una movilización social y ciudadana.

Sabemos que las políticas de austeridad, la obsesión con la consolidación fiscal y reducción drástica y precipitada de los déficits públicos en este contexto económico van a traer una larga recesión. También lo saben empresarios, autónomos, responsables políticos de diversas tendencias. Lo digan o no en público, el austericidio traerá empobrecimiento, paro y cierre de empresas.

En una economía sobre-endeudada, sin flujo de crédito, con un paro galopante y una caída de inversión privada y de confianza, la severidad en los presupuestos públicos agrava la recesión. Por tanto los países siguen incrementando su ratio entre deuda y PIB, y más cuando se exige a los Estados actuar como avalistas de los rescates bancarios.

Es necesario un planteamiento alternativo en el ámbito europeo, ya que los países individualmente considerados tienen una autonomía limitada y centrada en los márgenes de la recaudación fiscal (que existe y hay que explotar progresiva y equitativamente)

Se necesita un plazo más largo para equilibrar los déficits públicos. Es imprescindible que desde el BCE y las instituciones europeas se actúe para evitar el encarecimiento de las deudas soberanas. Ahogan a los países y son una espada de Damocles con la que se chantajean las opciones de variar las políticas económicas.

Los países con excedentes en sus balanzas y con márgenes, deben hacer una política más expansiva que sirvan de contra-ciclo para los países endeudados. Lo mismo debiera hacerse con el ridículo presupuesto comunitario (poco más de 1% del PIB). Opciones hay, por ejemplo a través de un gravamen a las transacciones financieras, con la que ya se han mostrado de acuerdo varios países. Un presupuesto y unas políticas de activación qeu debieran constituir una especie de Plan Marsahl para Europa y promover otra salida del tunel.

Esto choca con los intereses del sector financiero de la Europa central, defensor de la austeridad dogmática para garantizar el cobro de la mayor parte posible de lo que prestó de forma temeraria. Por eso pretende que el rescate bancario cuente con recursos púbilcos y además el aval de los estados. Préstamos que alimentaron las distintas burbujas que explican el desastre económico que sufrimos.

En estos términos se sitúa la actual pugna de intereses que marca la agenda económica y política. Una lucha de clases en toda regla, pero también una pugna entre economía financiera y productiva, entre sistema democrático y subordinación de lo político a los imperativos de los mercados. Ante esto planteamos el 14-N. Una huelga en defensa de un modelo de cohesión en el que nos reconozcamos como sociedad. Frente al repliegue resignado, el despliegue de la esperanza.

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