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Mi última colaboración en Biltzar


Este es el último editorial que escribo para Biltzar. El próximo 1 y 2 de junio, CCOO de Euskadi celebrará su XI Congreso al que no presentaré mi candidatura a la reelección.

Recuerdo con bastante nitidez la primera rueda de prensa tras el IX Congreso en el que accedí a la Secretaria General. Era el inicio de 2009 y avisábamos de que las previsiones económicas del Gobierno Ibarretxe (si, todavía era Lehendakari) pecaban de optimistas y la crisis golpearía con fuerza también en Euskadi.

Aquel año la economía vasca se contraía un 3,7% ni más ni menos. Iniciábamos dos mandatos que iban a estar dominados por una profunda crisis económica que tuvo unas consecuencias tremendas en términos de paro e incremento de la pobreza. También por una serie de reformas que han cambiado en profundidad las reglas del juego de la negociación colectiva y la acción sindical.

Ha sido una época complicada. En general todas las crisis lo son, pero esta ha tenido consecuencias en lo económico, en lo social y en lo político. Euskadi se parece poco a la que había en 2009. La mejor noticia sin duda ha sido el fin de ETA, aun sin certificar pero sin marcha atrás. En este país se respira mejor y se ejercen las libertades sin las amenazas que parecían eternas.

El mundo del trabajo nunca lo tuvo fácil. En estos tiempos de individualismo feroz y de mensajes que pretenden decir que no hay más opciones que los mensajes dominantes, la organización de las y los trabajadores/as, la rebeldía del “no me da la gana” son fundamentales para reivindicar lo obvio: que la riqueza y el valor de una sociedad lo aporta sobre todo su gente, la mayoría social que trabaja o quiere hacerlo. Pero esa mayoría social se hace valer cuando se organiza.

Lo hemos recordado en este último año reivindicando la historia de las CCOO de Euskadi y del conjunto del sindicato. En circunstancias mucho más duras, con persecución, cárcel o incluso muerte de por medio, mujeres y  hombres sencillos y humildes se organizaron para oponerse a una dictadura y crear un nuevo movimiento sindical y aquellas Comisiones Obreras. En Zumarraga, en la Mina del Alemán, en los sucesos del 3 de marzo en Vitoria; o en el despacho laboralista de Atocha, la Asamblea clandestina de Barcelona, o la causa del proceso 1.001.

Somos herederas/os de una historia ejemplar y nos enfrentamos a viejos y nuevos problemas en contextos totalmente distintos. Hoy el sindicato ha avanzado mucho en interpretar bien los retos que nos plantea la nueva economía, las múltiples formas de precariedad. Un modelo económico y de empresa radicalmente distinto a aquel en el que nacimos. Una sociedad que otorga distintas legitimidades a las que nos otorgaba en la época del heroísmo y la épica de nuestra primera militancia.

Seguimos representando gran parte de la mejor tradición sociopolítica vasca. Aquella que defendió las libertades contra viento y marea; aquella que apostó por la pluralidad y la diversidad de la sociedad vasca y el reconocimiento mutuo entre distintos como un valor de la misma. Por supuesto con la absoluta prioridad de la defensa de los intereses de la clase trabajadora a la que representamos. Clase diversa, nada homogénea, sustancialmente distinta a la industrial y de gran empresa de hace unas décadas.

El sindicalismo es seguramente una de las ocupaciones más dignas que puede tener una persona trabajadora. Leía hace poco no recuerdo dónde, que el sindicalismo no es un espacio de certezas absolutas. Es el lugar de las contradicciones permanentes desde las convicciones profundas.

Y es verdad. La correlación de fuerzas, los contextos y los condicionantes, las situaciones múltiples con personas y colectivos con distintas motivaciones, recomiendan usar pocos dogmas. Pero eso no quiere decir que se relajen los principios. Ese hilo rojo que une a cualquiera que un día se afilia para estar más protegida en su empresa, con quien se presenta a unas elecciones sindicales para hacerse valer junto a sus compañeros/as, con quien ejerce una tarea de dirección sindical a cualquier nivel.

Quiero terminar con mi más sincero reconocimiento a la militancia de las CCOO de Euskadi. Miles de personas que dedican parte de su tiempo y sus quebraderos de cabeza a representar y organizar a sus compañeras y compañeros. Sois el gran activo de la organización. Una tarea con un alto componente ético. Espero haber estado a vuestra altura.

Gora Euskadiko Langile Komisioak

Vivan las Comisiones Obreras de Euskadi.gracias

Una respuesta

  • MERCEDES PEREZ MERINO el mayo 27, 2017, 06:25:12

    “El sindicalismo es seguramente una de las ocupaciones más dignas que puede tener una persona trabajadora. Leía hace poco no recuerdo dónde, que el sindicalismo no es un espacio de certezas absolutas. Es el lugar de las contradicciones permanentes desde las convicciones profundas”
    Excelente definición. Sin duda… Yo voy más allá. Hace poco planteaba en una asamblea si teníamos claro lo que era ser sindicalista. En mi modesta opinión, y así lo transmití, el sindicalismo es una forma de vida, es casi “un sacerdocio”, es vocacional… El sindicalista es aquel que cambia las leyes, el que se mueve permanentemente en la línea de lo legal y establecido vs lo que hay que cambiar, lo que algunos consideran ilegal.
    El sindicalista es el precursor de los cambios, el que los origina, el que mueve la sociedad, el que mueve conciencias. El que día y noche está alerta ante una nueva injusticia… El que cuida tu espalda, el que se aventura en batallas a priori perdidas y las lucha.. y las gana o muere en el intento.
    El sindicalismo es así.Y necesitamos que siga siendo así.
    Hay mucho que cambiar, Hay mucho que pelear… Hay muchos motivos por los que el sindicalismo y los sindicalistas tenemos que aunarnos, mirarnos a los ojos, darnos la mano, pegar espalda con espalda y luchar. Hay mucha lucha ahí fuera… Y tú, al frente de CCOO vas a liderarla. Cuenta conmigo.

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