4 años del 14 de noviembre (memorias)


Veníamos de una huelga general el 29 de marzo con un seguimiento brutal en Euskadi. El 14 de noviembre no se le iba a acercar entre otras cosas porque la división sindical se había hecho patente, de forma lamentable, una vez más.

Sin embargo para mí, fue un día con un significado muy especial. Había un llamamiento de la Confederación Europea de Sindicatos para una jornada de movilización que se concretaría en huelgas y manifestaciones en otros países. Portugal, Grecia, Italia, Alemania, Bélgica… apoyo de la CSI y de la Confederación Sindical de las Américas.

Recuerdo nítidamente, apenas unas semanas antes, una Conferencia que organizó la CGIL de Toscana con quien tenemos una relación muy estrecha las CCOO de Euskadi. Estaba allí Susanna Camusso, su secretaria general nacional. También Michael Sommer, de la DGB alemana. Toxo y Lezcano, además de conocer personalmente a Antonio Baylos en nuestra mutuamente admirada Florencia. Recuerdo un desayuno en el hotel y en una mesa cercana Ignacio con Camusso y Sommer, hablando del 14-N.

En el plenario el sindicalista alemán mostró un apoyo rotundo a las movilizaciones y emplazó a una manifestación masiva en Berlín. Se planteaba la necesidad de una respuesta sindical y social global en Europa que cuestionase los términos del austericidio que se imponía en cada uno de nuestros países. Una de las sesiones terminó, qué cosas, con la Novena sinfonía de Betthoven a modo de himno. Un himno sin patria, una huelga general en el contexto de una movilización europea… ¿existe algo similar al “síndrome de Stendhal” sindical?

La huelga laboral no fue exitosa en Euskadi aunque la manifestación de la mañana fue muy digna. La de la tarde masiva, preciosa, con rabia. Apoyo con la presencia de una delegación de la CGT de Aquitania. Llegaban fotos de las manifestaciones en el conjunto del estado. Masivas. Fotos imponentes. Largas avenidas abarrotadas de gente.

¿Era posible una respuesta global empujada desde el mundo del trabajo? Estábamos en ello armando un discurso de ilusión racional, advirtiendo de los riesgos del repliegue y sus consecuencias…

Cuatro años. Hablamos de Trump, de Brexit, de Orban. Se dibujan analogías con infaustas décadas del primer tercio del siglo XX. Muros, alambradas, deportaciones… forman parte de las primeras explicaciones del máximo mandatario de la primera potencia mundial, mientras analistas de diverso tipo se preguntan cómo puede ser que el viento del malestar de la globalización hinche las velas del populismo de extrema derecha.

Recopilo algunas de las cosas que entonces escribí, tanto en el viejo muro como en algún periódico ahora hace 4 años, uno después de la matanza de París, pensando que quizás el temor de aquella Lucha de gigantes de Antonio Vega, “el miedo a la inmensidad donde nadie oye mi voz” explique muchas cosas sobre la reacción de una parte de las sociedades occidentales.

Seguimos, seguiremos construyendo referencias compartidas, de solidaridad entre anónimos, internacionales, desde el mundo del trabajo. Porque vencerán, (temporalmente) pero nunca, nunca, nunca, convencerán.

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